Productividad creativa ≠ producir más
¿Y si en lugar de hacer más, necesitamos entendernos mejor?

Durante mucho tiempo pensé que gestionaba mi creatividad manteniéndola sin estructura. Un refugio sin objetivos, fechas, planes ni resultados. Y no porque estuviera en contra de todo eso, que también me gusta, pero no todo el tiempo.
Me gustan mucho los objetivos claros. Hay algo lúdico y gamificante en tener un norte, apuntar, focalizar, medir y corregir. Se siente bien y de hecho, ese es mi trabajo: creatividad aplicada, en virtud de un fin. ¡Y me encanta!
Pero a medida que crecemos, todo se vuelve así. La vida se pone seria y aquello que no logra nada (estatus o dinero) pierde legitimidad.
Sin embargo, con el paso de los años, yo necesité todo lo contrario: conservar mi universo lúdico a capa y espada. Y fue así como nació Yabe, mi oasis creativo, como solía llamarle. Un patio de juegos, un territorio liminal donde ser y estar.
Mi yo creativo adulto no pudo desprenderse de su espacio libre, sin miradas, juicios o expectativas. Necesitaba un recreo del maldito qué, para quién, cuánto y cómo.
Y así avanzó la vida. En mi vida académica y profesional, la creatividad tenía dirección, proyectos, equipos, briefs, deadlines, decisiones y presupuestos. Y en mi universo creativo personal, reinaba la paz, el porque sí, el por que no, garabatear, hacer y deshacer.
Al tiempo del corazón.
El desafío apareció cuando quise cambiar las reglas del juego y tuve una visión para Yabe: objetivos, propósito, valores, ideales, necesidades, responsabilidades... ¡Maldición!
¿Por qué de repente todo eso que se supone que sabía sobre gestión y productividad creativa ya no funcionaba? ¿Por qué, para ser productiva... pensar en ser productiva, me asfixiaba?
¿Se puede hacer avanzar algo que queremos, sin convertirlo en una astringente lista de pendientes ? Hacer, hacer y hacer, ¿es esa la única forma de avanzar? ¿Se puede siquiera querer escuchar el ritmo del corazón?
Cuando hablamos de productividad, pensamos en más cantidad, más rápido, más constancia, más organización y más resultados. Y desde mi experiencia, hay momentos en los que eso sirve y otros en los que no. Momentos en los que una caminata, una conversación o una tarde completamente inútil a solas o con amigas, arroja más y mejores resultados que tres horas frente a la computadora.
La pregunta clave y para nada simple es la siguiente: ¿qué necesita mi creatividad para avanzar hoy? Porque no siempre es lo mismo.... Algunas veces avanzar es hacer y otras dejar de hacer.

Entonces... ¿Qué sería la productividad creativa?
No tengo una definición académica ni mucho menos, pero con el tiempo he ido construyendo mi propia idea:
La productividad creativa implica un proyecto, pero también la habilidad de generar las condiciones para que ese proyecto florezca y viva, de manera sostenible.
Ello incluye objetivos y resultados, desde luego, pero también otras habilidades menos visibles: gestión de nuestra energía, habilidad para compartir contexto, recursos y equipo, y consciencia del estado de la situación.
Una estrategia creativa que realmente funciona no se sostiene durante dos semanas y luego se cae para siempre.
Antes de gestionar el tiempo, observemos nuestra energía.
Este conflicto me llevó a recuperar una herramienta muy sencilla que había creado para mí: un mapa de hábitos.
Sé que un tracker representa todo lo contrario a lo que acabo de escribir: casilleros, repetición, seguimiento y cumplimiento. Pero en este caso me interesa usarlo al revés. No como una tabla periódica para "portarnos bien", sino como herramienta de observación.
En vez de mirar el mes y preguntarnos: ¿Cuántos días cumplí con lo que debía hacer?, podemos empezar a preguntarnos: ¿Qué patrones aparecen? ¿Qué días tengo más energía? ¿Cuándo me resulta más fácil concentrarme? ¿Qué hábitos aparecen juntos? ¿Qué pasa con mi creatividad cuando descanso mejor? ¿Qué actividades me entusiasman y cuáles tengo que arrastrar por semanas? ¿Estoy obligándome a sostener algo que evidentemente no me funciona? ¿Hay momentos en los que naturalmente quiero crear?
Ahí el tracker deja de ser una mera herramienta de control y se convierte en información sobre nosotros mismos, que podemos capitalizar.

Observar antes de corregir
Esta es posiblemente una de las cosas que más me interesan en Gestión Creativa: evitar la tendencia de saltar de la observación a la corrección.
“Estoy haciendo poco → tengo que hacer más.”
“Me distraigo → necesito concentrarme.”
“No terminé → me falta disciplina.”
“Abandoné otro proyecto → soy inconstante.”
Rotemos la manera usual en que observamos las cosas: ¿qué está pasando de verdad? Capaz no falta disciplina, sino que hay demasiados proyectos abiertos a la vez. Quizás... las ideas que estás empujando ya no te interesan como antes, o el horario que elegiste es pésimo para ti. Tal vez el equipo no funciona y necesitas colaborar con otra persona.... O simplemente estás agotada y necesitas una pausa.
O todo lo contrario... al observar descubrís un patrón maravilloso que nunca habías registrado: después de caminar aparecen tus mejores ideas, los martes son el día que lográs más foco, o que cada vez que volvés a dibujar también escribís mejor.
Nos pasamos la vida analizando data, menos la nuestra. Y conocer nuestra propia manera de trabajar, más allá de cómo creemos que deberíamos funcionar, es esencial.
Nuestra energía creativa también tiene patrones. Obviamente, no podemos obedecerlos siempre. Pero si ni los conocemos, no reconocemos su impacto, su falta, ni nos damos el lugar amoroso que merecemos en nuestros propios proyectos.
Te propongo un experimento.
Te desafío a usar el mapa de hábitos durante todo un mes. Elegí los hábitos que quieras observar. Puede ser crear, caminar, dormir bien, leer, hacer una pausa, comer sano, trabajar en determinado proyecto, o lo que quieras.
Al final de cada semana mira el mapa sin evaluarte. No busques una racha perfecta, busca relaciones. Pregúntate: ¿Qué me está mostrando esto sobre mí?
La productividad creativa empieza antes que la lista de tareas. Empieza cuando dejamos de preguntarnos cómo hacer más, sin tenernos en cuenta, y comenzamos a prestar atención a las condiciones que nos ayudan a crear mejor en el tiempo.
Descargá tu Mapa de Hábitos
No necesitas llenarlo perfectamente. De hecho, los espacios vacíos también cuentan mucho.
Si tras un primer mes descubrís algo sobre tu manera de funcionar, te invito a imprimir dos más y refutar la hipótesis. Tres meses dan una buena perspectiva.
Nos seguimos creando.
Pau / Yabe






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